martes, 7 de agosto de 2018


TERTULIA POLÍTICA

Morena

Pedro Martínez Serrano
El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en Morelos, se ha convertido en la reedición del largometraje La Ley de Herodes, dirigido por Luis Estrada en 1999, cuyo filme recrea, la podredumbre del aparato gubernamental a fines de la década de los 40 y que, en el terreno de los hechos, no ha cambiado en comparación con lo que hoy ocurre en nuestra entidad, en donde un sujeto resentido, colérico y traicionero, como Rabindranath Salazar Solorio trabaja tiempo extra, con tal de llevar las contras a quien, por decisión de los morelenses, será el titular del Ejecutivo local a partir del 1 de octubre.
        Y es que taimado, apocado, agachón y oportunista como es, el senador con licencia que presentó hartas iniciativas, Rabín Salazar ha sido el hazmerreir de Andrés Manuel López Obrador. Primero lo perfiló como seguro candidato a la gubernatura; de último momento, lo hizo a un lado, la posición se entregó a quien garantizaba mayor rentabilidad electoral: Cuauhtémoc Blanco Bravo; luego lo designó coordinador regional, junto con otras figuras del morenismo, como Marcelo Ebrard, próximo secretario de Relaciones Exteriores.
        Rabín y su circulito de amigos e incondicionales, festejaron el nombramiento; echaron campanas a vuelo. Se atrevieron a difundir cifras sobre los resultados electorales en la demarcación “que coordinó”. Igual que muchos a lo largo y ancho del país, que se atreven a ungirse como ganadores de tal o cual posición, por la popularidad personal. Olvidan que si a un perro se le colocaba la playera y se le asignaba la candidatura de Morena, habría ganado.
        Y, como en el caso del resto de las entidades del país, Andrés Manuel designó coordinadores estatales, algo así como gobernadores alternos, encargados de las acciones del gobierno federal en cada entidad, con lo que se agravió políticamente a los gobernadores electos y a los que se encuentran en funciones, sean del partido que sean. El único que le expresó su desacuerdo, fue Enrique Alfaro Ramírez, de Jalisco.
        “(…) mi relación con el gobierno de la república será directa con el presidente y con sus secretarios de estado, no habrá en Jalisco autoridades intermedias, simplemente porque eso vulnera principios constitucionales básicos y lastima el espíritu del pacto federal; no existe en nuestro marco legal ninguna figura que funja como vínculo entre entidades federativas y el ejecutivo federal, los delegados federales nunca han tenido facultades de decisión ni autonomía técnica”, le expresó Alfaro a Andrés Manuel quien designó a Carlos Lomelí, un corrupto jaliciense que perdió por decenas de miles de votos, con todo y la camiseta de Morena.
        La coordinación se le cayó a Rabín el fin de semana anterior; el presidente electo lo designará coordinador nacional de programas sociales, con la advertencia de que quite la mirada de Morelos y aleje sus intenciones recurrentes de venganza, en contra de quien lo único que hizo, fue aceptar la invitación de López Obrador a ser candidato al gobierno estatal.
        PENDEJISMO Y REVANCHISMO
        Acorde a su naturaleza vengativa y su permanente cuidado de rodearse de pendejos, para evitar que lo desplacen, colocó primero en la presidencia de Morena a un alcohólico de poca monta, su suplente en la senaduría, Miguel Enrique Lucia Espejo y, cuando aquel asumió el escaño, dejó la dirigencia de ese movimiento en manos de Gerardo Albarrán Cruz, un sujeto gris, ejemplo perfecto del Juanito Vargas de la Ley de Herodes, el que se presentaba como el más pendejo, sumiso y obediente para ser ungido.
        Títere y servil como es, el tal Albarrán Cruz, acepta sumiso las órdenes y las “líneas políticas” que le dicta Rabín por medio del pendejete Miguel Enrique Lucia. Ambos personajes no cumplen otro propósito que buscar revancha. Desayunan, comen y cenan. Piensan, accionan y reaccionan, en respuesta a llevar la contra al gobierno electo de Cuauhtémoc Blanco.
A Rabín no le interesa su futuro personal, el cual apuesta a diario, generando conflictos al próximo gobernador y sirviendo al que se va, arrodillado ante los intereses de Graco Ramírez, que durante los 6 años de su administración, lo benefició con acciones documentadas que gradualmente se irán conociendo. El dinero envileció a la hoy vergüenza de Tejalpa. Las posiciones en el gobierno que benefician a su familia, no le fueron asignadas por méritos de los agraciados; no la nómina se aprobó por negociación con la gente del tabasqueño.
Es claro que Rabindranath Salazar y quienes le sirven y se sirven de él, no se han atrevido, ni se atrevieron a contrariar a Graco Ramírez a quien, como corolario de sus servicios prestados, le entregaron la coordinación de Morena en el Congreso del Estado, cuya posición pusieron en manos de Héctor Javier García Chávez, el más graquista de los Morenistas, junto con la senadora Lucía Meza Guzmán.

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