lunes, 17 de diciembre de 2018


País de mediocres…
¿Para qué prepararse profesionalmente,
para ganar 108 mil pesos mensuales?

Desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador echó a andar la maquinaria oficial, para fijar como límite de la burocracia nacional, un salario que en ningún caso podrá ser superior a los 108 mil pesos, que es lo que decidió cobrar por ocupar la titularidad del Ejecutivo Federal, he expresado mi desacuerdo por la decisión de hacer un país de mediocres.
        Si el límite son 108 mil pesos mensuales, no imagino a profesionistas de primerísimo nivel, buscando un espacio en el gobierno, como tampoco a quienes hoy se preparan para el relevo generacional, buscando la oportunidad de tomar estudios superior, mucho menos en el extranjero; no tiene ningún caso, sus méritos académicos se condenan a ganar 100 mil pesos mensuales. Nada más.
        He dicho que el señor López Obrador, no quiere que los pobres tengan más; lo que él quiere es que los ricos tengan menos, pero además lo busca conseguir por decreto.
        Si la decisión reduccionista presidencial, me parece un tema delicado, más grave aún es la estupidez con que se conducen sus colaboradores, como la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, que llamó a la iniciativa privada a bajar los altos salarios de sus empleados para que se ajusten a los del servicio público. Háyase visto semejante idiotez que, además, es anticonstitucional.
        Por lo anterior, comparto la entrega de Ojo por ojo, del periodista Álvaro Cueva a Milenio, una entrega sin desperdicio, que ilustra el grave retroceso que significa la imposición salaria y la división de los mexicanos entre buen los y malos. Aquí el despacho:


OJO POR OJO

Malditos funcionarios

Álvaro Cueva
Alguien tiene que hablar con Andrés Manuel López Obrador y asesorarlo sin miedo, porque está diciendo cosas que o son terribles o se están entendiendo mal.
Ejemplo: el tema de los salarios. El señor, durante sus muchos años de oposición, manejó la idea de que la gente, en el gobierno, se había estado enriqueciendo ilícitamente a partir de las contribuciones del pueblo.
En su ecuación el gobierno era malo, corrupto y sanguinario, y el pueblo, bueno, limpio e inocente. Obviamente esto fue un cañonazo ideológico. Imagínese, por acá todos buenos y por allá todos malos. ¡La fórmula perfecta!
La realidad es que ni toda la gente del gobierno era mala ni toda la gente del pueblo, buena.
Hay burócratas maravillosos, dignos y trabajadores que de manera honrada han hecho una gran labor durante años y personas de la sociedad civil muy sucias, flojas y manipuladoras. Hay de todo en todas partes. No podemos generalizar.
Hoy que AMLO es presidente, para quitarle lo “malo” al gobierno, a su gobierno, al parecer quiere empobrecer a su gente, a toda su gente, y enriquecer a los pobres, a todos los pobres.
Yo no sé si esto sea cierto, pero eso es lo que se entiende. Por eso le digo que alguien tiene que hablar con él y asesorarlo sin miedo. El gran genio de la comunicación está comenzando a tener problemas de comunicación.
¿Se acuerda usted de lo que sucedió con los maestros durante el sexenio de Enrique Peña Nieto? Súbitamente todos se convirtieron en lo peor del universo. El tiempo nos demostró que no era así.
¿No estará haciendo lo mismo Andrés Manuel López Obrador con muchos servidores públicos, desde los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación hasta los hombres y las mujeres que colaboran en las dependencias más pequeñas?
¿Por qué atacarlos por ganar mucho? ¿Por qué castigarlos? Si usted hace algo bien, debe ganar bien. Y si se supera, debe ganar más. Y si trabaja todavía más, debe ganar aún más. Es lo justo.
¿Por qué el parámetro de éxito en la vida de los servidores públicos mexicanos tiene que ser el salario del Presidente? ¿No es un tanto arrogante de su parte?
¿Hacer una carrera en el servicio público y volverse rico es algo incompatible? ¿Por qué? No es sacerdocio, no es un camino a la santidad. Es un trabajo, un trabajo duro, un trabajo honesto.
Si no es el dinero, ¿qué puede motivar a alguien a prepararse, a entregarse y a competir contra lo mejor del mundo para trabajar en el gobierno mexicano? ¿Qué? ¿La satisfacción de servir? ¿Eso paga las cuentas? ¿Eso ayuda?
Y si los burócratas de otros países ganan menos, ¿cuál es el problema? ¿Qué tiene de malo ganar más que los demás? ¿Por qué los mexicanos siempre tenemos que ganar menos que las personas de otros países? No somos inferiores.
Me preocupa que de los discursos del Presidente se estén desprendiendo ideas como el rechazo al ascenso social o la condena hacia todo aquel que pretenda ganar bien.
Me preocupa porque un modelo así para lo único que va a servir va a ser para terminar de dividir al país y porque un país dividido se debilita, se hunde, se pierde.
Comunicación. Urge corregir la comunicación de AMLO, perfeccionarla, que ya no se digan cosas que se entiendan mal. ¿O usted qué opina?

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