jueves, 4 de octubre de 2018


TERTULIA POLÍTICA

Los infiernos de Graco / UAEM, el origen del caos

Mientras en el mundo se empuja la educación
a distancia; cuyas principales universidades europeas mantienen
un alto porcentaje de su matrícula en esta modalidad,
en Morelos se desdeñó el avance tecnológico y digital
y se emprendió una veloz carrera al pasado:
la construcción de aulas

Pedro Martínez Serrano
El ex gobernador del Estado, desde hace 4 días, Graco Ramírez dejó ardiendo al Estado; se encargó de encender infiernos en puntos estratégicos; con un cuidado quirúrgico, el seguramente ya prófugo, distribuyó problemas en los sectores que lastiman más a las familias que habitamos la entidad.
        El transporte, como cada uno de los servicios a que se obliga el control del Estado, lo dejó en su peor momento, plagado de representantes corruptos y centaveados; soportado en mafias que trafican permisos falsos, que se instalan a carromatos incómodos, desvencijados y mugrientos. La tarea que tiene enfrente Víctor Mercado Salgado, no es sencilla; está obligado a terminar con el monstruo de mil cabezas que significa el sector.
        El asunto de la seguridad pública, ofrece un panorama desalentador, mientras no se limpie de raíz el largo listado de fuereños, llegados a Morelos al amparo y patrocinio de cárteles criminales, con los que Alberto Capella Ibarra se entendió siempre y lo sigue haciendo.
        Se puede carecer de tecnología, cuando se tiene personal medianamente honesto y con voluntad de servicio; me tocó presencia en Tijuana, en uno de sus peores momentos lo siguiente:
        En un sector de la ciudad el tráfico de enervantes hacía crisis. Las quejas acorralaban al alcalde en turno, por lo que decidió tomar cartas en el asunto y lo hizo de la manera más sencilla, llamó a su jefe de policía:
        Comandante, me dicen que en La Cacho (una de las colonias de mayor tradición en Tijuana) andan vendiendo droga en la calle….
        Acomedido y servicial, con ese estilo falso e hipócrita como el de Alberto Capella, el jefe de policía respondió:
         ─ Le recuerdo señor presidente que ese es un delito del fuero federal, entonces los muchachos no pueden intervenir.
        A lo que el alcalde de aquel tiempo, respondió certero y sereno, sin exaltarse:
        ─ Yo le pido a usted que prevenga; le recuerdo que usted encabeza una policía preventiva; le encargo el asunto. Evíteme la pena de encargárselo a quien lo sustituya en el cargo. Como preventivo coloque ahí un par de patrullas y el problema se va a resolver. El problema se resolvió.
        Lo anterior viene a tema porque de los infiernos que heredó Graco al gobernador Cuauhtémoc Blanco, uno de los más explosivos, más convulsionado y más riesgoso, es el de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), en cuya quiebra participaron la mayoría de los sectores involucrados, especialmente los ex rectores.
        Veamos:
        Hace unos años en una plática, un empresario educativo de Jojutla, me aseguró que los sicólogos habían asaltado el poder en la UAEM para que, desde la rectoría, enfilar rumbo a la conquista de la gubernatura. Me aseguró entonces que el rector, no estoy seguro que ya lo fuera Alejandro Vera Jiménez, sería candidato. Lo fue.
         Hoy, la responsabilidad del caos que vive la UAEM, es compartida, lo mismo entre el gobernador Graco Ramírez que desvió millones de pesos de las participaciones que debió entregar, como de los rectores que controlaron y saquearon las arcas universitarias en los 24 años más recientes.
        Así, los rectores, particularmente Alejandro Vera, se pusieron a construir y abrir centros de estudios superiores a lo largo y ancho del Estado; llevaron escuelas a Tepalcingo, Tetecala, Tlayacapan, Tetela del Volcán y más municipios, que apenas cuentan con servicios públicos.
        Con tantísimos centros de estudios, en muchos de los cuales no hay más de una docena de estudiantes, lo que se hizo fue construir un gigantesco, obeso y torpe elefante blanco. El propósito nunca fue acercar la educación superior. En el fondo lo que se buscó siempre, fue ampliar el Consejo Universitario, acrecentarlo y someterlo a la voluntad de los intereses de los sicólogos.
        Cada escuela obligó la contratación de personal, lo mismo académico que administrativo, costos de mantenimiento y más, que al final de cuentas, habría salido más barato pagar el transporte o incluso becar a los 10 o 12 estudiantes de los municipios más apartados, para trasladarlos a Cuernavaca, Cuautla o Jojutla. Se habría evitado la contratación tramposa cuando menos medio centenar de personas, para operar las escuelas.
        Mientras en el mundo se empuja la educación a distancia; cuyas principales universidades europeas mantienen un alto porcentaje de su matrícula en esta modalidad, en Morelos se desdeñó el avance tecnológico y digital y se emprendió una veloz carrera al pasado: la construcción de aulas. Lo que reportó esa lógica en la que todos fueron cómplices, lo mismo autoridades que trabajadores académicos y administrativos, en este segundo caso, los dirigentes de sus sindicatos, fue abultar el Consejo Universitario, en cada plantel debe haber un consejero maestro, un administrativo, un estudiante y un director, cuya suma de todos, permitió a los rectores hacer lo que le viniera en gana: hasta contratar créditos y emprender una rápida carrera por la asignación de pensiones doradas, hasta quebrar a la máxima casa de estudios.
        En esa lógica, Graco Ramírez jugó con el perfil de corrupción y avaricia que mostraba la actuación de la rectoría. Un día los acercaba, los ocupaba y al siguiente los pateaba y criticaba ferozmente. Para hacerlo, tuvo aliados en el Congreso del Estado, especialmente de la hoy senadora Lucía Meza Guzmán, la morenista que hoy critica a rabiar, lo que ayer ayudó a construir: el imperio de Graco.
        La perversidad de Graco y para llevar al nivel más alto la explosividad de la máxima casa de estudios, un día antes de irse, le atizó al fuego, reportó que el gobierno federal entregaría 300 millones de pesos, para el rescate financiero de la UAEM; habló también de más de 5 mil millones de pesos para hacer frente a las obligaciones financieras del nuevo gobierno. Ni una, ni otra eran verdad. Cumplió a cabalidad con su naturaleza mentirosa, difamadora y ventajosa.
        El tema del rescate financiero de la Universidad, debe pasar por exhaustivas investigaciones y auditorías, pero también por la ruta del castigo a quienes tengan responsabilidad directa, en la quiebra de la máxima casa de estudios. Alejandro Vera Jiménez y quienes le ayudaron a hundir en el caos a esa institución, deben entregar cuentas y ser castigados, si incurrieron en el saqueo del que todos sabemos.

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