lunes, 3 de abril de 2017

El otoño del esquirol

De un plumazo, se derrumbaron las ofertas
del esquirol Ramírez a sus patrones:
un frente amplio PAN-PRD que asegurara
el triunfo del PAN y jamás PRD-López Obrador,
en alianza para el 18. Ahora la negociación
es con Miguel Ángel Mancera
Juan JARAMILLO FRICAS
Entre eventos, reuniones y viajes internacionales, el Presidente de la Conago en tiempos de Trump, Graco Ramírez Garrido Abreu, que también funge como Gobernador de Morelos, descuidó sus importantes funciones como operador ─esquirol─ político de su partido y las oficinas del poder, provocando un desplome en su cotización como uno de los más grandes operadores ─esquiroles─ de la izquierda y el sistema.
Para entender el desplome de Graco ante sus aliados, hay que voltear la mirada hacia su hijo político Rodrigo Gayosso Cepeda, que si bien es cierto, operó con eficacia las reformas, refinanciamientos, que taparon el hoyo en el Instituto de Crédito y reactivaron las obras pendientes de su gobierno, Congreso, Teopanzolco, Centro Histórico entre otras.
         Lo embarcó ─Gayosso─ en una aventura catastrófica, cuyos saldos todavía se siguen pagando. Nos referimos al “affaire” con el alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco Bravo, sin duda alguna el gran vencedor en este pleito innecesario.
         En enero ─23/2017─, la dirigencia nacional del PRD anunció su alianza con MC y PT en el Estado de México, cancelando de tajo la pretendida alianza con el PAN, que tanto promociono Graco y sus Chuchos. La dirigencia panista negoció directamente en los Pinos, segundo revés para Graco.
         El tercero llegó pronto, el senador Barbosa coordinador de su bancada en el senado, anunció su amplio respaldo para Andrés Manuel López Obrador. Saltan los “chuchos”, Graco y hasta el joven Gayosso. “Fusilen a Barbosa” ¡Que se largue del partido! ¿Qué renuncie la Barrales! ¡Es el gato de Gamboa!
         La respuesta fue lapidaria: “El problema no es la coordinación del PRD en el Senado. Lo que está en juego, es la postura del PRD rumbo al 18. Casi me linchan por apoyar a Andrés Manuel, pero a Graco Ramírez, quien hace un trabajo de esquirol, impulsando una alianza con Acción Nacional, no le dicen nada”.
         De un plumazo, se derrumbaron las ofertas del esquirol Ramírez a sus patrones: un frente amplio PAN-PRD que asegurara el triunfo del PAN y jamás PRD-López Obrador, en alianza para el 18. Ahora la negociación es con Miguel Ángel Mancera.
         El regreso de Alejandra Barrales al senado, con la aprobación del PRI y el PAN, significaba tácitamente el reconocimiento de la Mesa Directiva de Dolores Padierna y Fernando Mayans, como coordinadora y vice coordinador de la bancada perredista en el senado.
     Mancera quien se dice no milita en el PRD, se convirtió en su dueño gracias a su alianza con René Bejarano y su Dolores de cabecera, acordó con el gobernador de Tabasco Arturo Núñez vía la vice coordinación de Mayans y Silvano Aureoles, el gobernante michoacano con su destape previo se mantuvo al margen.
         Graco imaginó que la Conago en tiempos de Trump, le daría el impulso para convertirse en un aspirante creíble a la presidencia por su partido. La realidad fue otra, de hecho nunca tuvo el empaque de presidencial, lo tomaban a chunga y, la Conago en tiempos de Trump le sirvió de escaparate temporal, pero a la vez lo amarró para intervenir mayormente en el conflicto de su partido.
         No todo está perdido para el tabasqueño, los resultados del PRD en las elecciones de junio en Coahuila, Nayarit y Estado de México, le podrían dar un respiro, sin embargo, él sabe que las condiciones cambiaron. Sabe que López Obrador puede ganar en el 18, sabe que ha llegado la hora de retirarse de las cañerías políticas.
         Sabe que un exilio dorado le caería de perlas, le gusta la embajada de España, pero se conformaría con el Consulado de Barcelona, después de todo, las principales oficinas del poder valoran sus servicios prestados, aunque hoy ya no los necesiten.

         El Otoño del Esquirol es evidente, lo cual implica que atienda el otoño de su gobierno y las complicadas decisiones que habrá de tomar, empezando con la obligada negociación, con su retoño político ─dueño del Congreso del Estado─ y después, si todo sale bien, echarse una mirada al espejo y tratar de disfrutar el otro otoño: el de su vida.

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