lunes, 18 de junio de 2018

TERTULIA POLÍTICA

Caballos de Troya

Pedro Martínez Serrano
A medida que se aproxima el 1 de julio, la memoria de los electores empieza a olvidar, que muchos de los que hoy se dan golpes de pecho, juran lealtad y secundan “hasta con su propia vida” los ideales de Andrés Manuel López Obrador, no son más que “pájaros de cuenta” “Caballos de Troya”, infiltrados que cumplen un solo propósito: servir a lo que el próximo presidente de la república llama la “mafia del poder.
        Y aunque el listado es largo, hay dos casos que ilustran la infiltración de Graco Ramírez y los intereses que a él representan, en el proyecto alternativo de nación que busca encabezar López Obrador: los perredistas “arrepentidos”, Lucía Meza Guzmán, ahora candidata a senadora y el candidato a diputado local por el segundo distrito, Héctor Javier García Chávez quien, además de ser proclive a la pederastia, por cuyo delito ha sido denunciado, es nada menos que el ideólogo, el consultor estrella de la campaña de Rodrigo Gayosso. Él fue el de la idea de “Morelos tiene Gayo”.
        De Lucía Meza, responsable directa del cabildeo para el endeudamiento del Estado, para beneficio de Graco y su hijo, Rodrigo Gayosso, hoy candidato a gobernador por el PRD, sólo se debe decir que fue ella la responsable de tender las redes de encubrimiento de la pestilente corrupción en que se sumergió a Morelos a partir de 2012.
        Lucía Meza, rabiosa, vulgar y bajuna critica de Andrés Manuel López Obrador, a quien no se cansaba de pendejear y ningunear, hoy se da golpes de pecho y “ofrenda la vida” por el tabasqueño, cuando en el terreno de los hechos, sigue cobrando en la “Nómina Gayosso”, a quien ha servido en la movilización en la región de los altos y el poniente del Estado, por medio de su esposo, un tal Ricardo Robledo.
        El otro de los infiltrados, destinado a modificar los equilibrios legislativos, para jugar las contras al próximo gobernador, Cuauhtémoc Blanco Bravo, jalando diputados a la causa perredista, es Javier García Chávez, actual diputado federal y candidato a la diputación local por el segundo distrito.
        El mismo que votó a favor del gasolinazo, esa decisión incendiaria en agravio de la economía de los mexicanos, tema que condena con energía Andrés Manuel, es quien a trasmano coordina los sótanos de la rabiosa guerra sucia que se mantiene en contra de Cuauhtémoc Blanco; El Gato, como le agrada que le llamen, se reúne en un domicilio de la colonia Vista Hermosa, con “los estrategas” de Rodrigo Gayosso, Jorge Meade y Víctor Caballero. Quien lo secunda en el trazo de las rutas, es Jaime Álvarez Cisneros, el coordinador del candidato panista y del MC a la gubernatura.
        La misión que cumple el PRI, su candidato, Jorge Meade, desde la profundidad del quinto lugar en la preferencia electoral, es pegar el “madrazo mañanero” a Cuauhtémoc Blanco; quien dicta las líneas es precisamente el Gato y quien toma nota de las mismas, es uno de los gatos del ex delegado de Sedesol en Morelos quien, por cierto, creo que está quemando naves para llegar el puerto al que aspira: buscar la negociación para reconocer el triunfo de aquel a quien hoy crucifica.
        El Gato, ese sujeto perverso y traicionero, que ha pavimentado su ascenso al poder, aplicando la política de la bicicleta: pateando a los de abajo y agachándose con los de arriba, se encuentra frente a la exhibición de un largo listado de abusos en agravio de niñas morelenses, pero también frente al riesgo de que su principal activo, Cuauhtémoc Blanco lo deje caer; que lo desmarque de aquellos a favor de quienes pide el voto.

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