lunes, 22 de agosto de 2016

TERTULIA POLÍTICA

Basura en la basura

Pedro Martínez Serrano


Dicen y dicen bien, que hasta la basura se separa; que hasta la basura se junta y creo que eso es lo que pasó en Cuernavaca, a partir de que el diputado local ─gracias a Cuauhtémoc Blanco─, el mexicalense renegado, Julio César Yáñez Moreno se asumió como el gran operador; como el propietario del ayuntamiento de Cuernavaca y, por eso, quiso e hizo negocio por todo y con todo.
Obviamente, el filón dorado, la mina de oro, es precisamente el asunto de la recolección, traslado y destino final de la basura que, desde el primero de enero de este año, inunda las calles de la ciudad y ha mantenido la amenaza de convulsionar, de generar una seria crisis de salud pública.
Pero eso es lo que menos importa a un sujeto sin escrúpulos, formado en la mejor tradición del sablazo, la extorsión y la complicidad criminal; un político que disfruta relacionarse con representantes de grupos criminales y lo presume; lo difunde: que sepa la gente que es bien malo.
Consecuencia de su voracidad, no hay trato, arreglo o componenda que le resulte al Tigre Yáñez, por una sencilla razón; todo lo quiere para él; es ventajoso; es gandaya y fanfarrón; le encanta amenazar a quienes primero contacta como socios y luego trata como gatos.
Lo suyo es la amenaza y el chantaje. Le encanta que la gente lo mire acompañado de guarros apantalla pendejos. Disfruta intimidar. Y, aunque se ve hasta ridículo, parece que nada lo hace más feliz, que caminar escoltado por las calles de Cuernavaca, rodeado de puro sujeto con corte tipo casquete corto; para que parezcan sinaloenses mañosos, dice en broma, pero lo toma muy en serio.
Desde el asalto al ayuntamiento, que parecía su mayor golpe de suerte, Julio César Yáñez, ese al que le encanta que le digan el Tigre y no es más que un gato callejero, temeroso, cobarde y voraz, tanto como traicionero y dado, muy dado a golpear por la espalda, centró su atención en un solo tema, sin descuidar el graneo millonario de la expedición de permisos de usos del suelo y el tramposo ordenamiento urbano, igual que el saqueo desmedido al Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (Sapac).
El tema principal, ese que le permitiría; le permitió embolsarse más de millón y medio de pesos mensuales, es el que tiene que ver con lo que más se identifica; con lo que lo define, aquello de lo que es parte: la basura y, para operar el tema, pagó favores y endulzó el oído al ingenuo mañosillo de medio pelo, el tal Ismael Mojica, a quien emocionó para embarcarse en la contratación de tolvas.
Pero como no hay mal que dure 6 meses, ni huehuenche, ni Cuauhtémoc que los aguante, el presidente municipal se sacudió al fanfarrón Julio César Yáñez y de paso desechó también al hermano, el tal Roberto Carlos que, me dicen, en seis meses se echaron a la bolsa decenas de millones de pesos, a costa del rezago y el abandono de la ciudad.
Precisamente sobre el tema de la basura, que ha sido el más delicado, tanto como difícil de atender para Cuauhtémoc Blanco, hay que anotar que el socio del tigre Yañez, Ismael Mojica, tiró el arpa ante la falta de pago de su socio y el fin de su dictadura en el ayuntamiento de Cuernavaca.
Sin embargo, traicionero, difamador y ventajoso; profundamente tramposo como es, de inmediato surgió a la escena otro socio del minino Yáñez, el torcido, un sujeto llamado Daniel Miranda y, como es su costumbre, empleó su gran ingenio, sus irrisorias e imbéciles estrategias, para provocar un tramposo cierre del centro de transferencia en la Avenida Estado de Puebla, al sur de Cuernavaca, presuntamente bajo su control.
Puro gatopardismo, que todo cambie, para que todo siga igual. Mojica González y Miranda Mojica son lo mismo. Los dos son socios de Julio Yañez quien, por conducto de ambos mafiosillos de pacotilla, busca tener agarrados y sometidos a sus caprichos al alcalde Cuauhtémoc Blanco y al Secretario Técnico del Ayuntamiento, José Manuel Saenz.
El tema no es sencillo para los Yáñez, mucho menos para Ismael Mojica y Daniel Miranda, pues Habría que considerar que Julio Yáñez y sus cómplices subieron de 10 a 14 y hasta 16 millones de pesos mensuales el asunto de la basura y nos es cuento, disponemos de copias de documentos, cuyas cifras acreditan lo que aquí apunto.
Lo anterior no es todo, la triada de ladrones y aspirantes a mañoso, violaron la ley en los contratos (otra vez, dispongo de copias que lo prueban) por varias razones:
1.- No fueron aprobados por el Cabildo que hasta hoy carece de información.
2.- Su duración fue por 3 años, cuando el presupuesto se maneja anual.
3.- No hubo concurso y menos transparencia en la adjudicación del servicio, pues no había ─ni hay─ Comité de Adquisiciones, mucho menos criterios para establecer los montos del cobro.
4.- Mojica El Charmín, como le agrada que lo llamen, le rentó el Centro de Transferencia al Ayuntamiento, cuando el verdadero contratante con el dueño del predio que es Manuel Aldama, es su primo Daniel Miranda Mujica El Torcido, como también exige que se le llame, quien, abusivo, ladrón y ventajoso como es, paga 90 mil pesos mensuales y cobra 250 mil al ayuntamiento. Es decir, negocio sobre negocio.
Al retiro del Charmín, Julio Yañez pretende imponer s su otro socio El Torcido, Daniel Miranda y más que eso tener sometido a sus caprichos al presidente municipal Cuauhtémoc Blanco, con el cuento de provocar una emergencia de salud, si es desplazado.
Gente cercanísima, de esa que se siente decepcionada por el ninguneo de que la hacen objeto, confió al reportero que el primer propósito de los hermanos Yáñez y cómplices con los que hacen cuartito de guerra, es reventar a José Manuel Sanz; dejar huérfano a Cuauhtémoc y entonces darle las gracias por su participación y, meter al suplente Juan Manuel Hernández Limonchi.
Por cierto, no es un tema menor, pues hay que recordar que los primos Mojica, son gente peligrosa, cuyas fortunas empezaron a abultar al margen de la ley, hace 22 años, cuando traían de Chiapas alcohol adulterado, para convertise en actores preponderantes de aquel asunto que motivó decenas de muertos con el metanolazo en Temixco en diciembre de 1994.
Hoy, 22 años después aparecen al lado de verdaderos pájaros de cuenta, ligados al crimen organizado. Daniel Miranda el torcido sabe de ellos, incluso los trae muy cercanos. Se reporta y se reportan con él a diario. Le dan cuentas y hacen cuentas de lo que hacen, para luego traducir los números en dinero.
El compromiso de Blanco
Frente a lo anterior, el presidente municipal Cuautémoc Blanco y su asesor, el secretario técnico del ayuntamiento, José Manuel Sanz, están ante la oportunidad histórica de pagar a la ciudadanía el voto de confianza que se les depositó el año anterior y, para hacerlo, deben cumplir con los más altos estándares de  honradez y transparencia. Para conseguirlo, no tienen nada más que hacer, que transparentar los procesos de adjudicación y operación de servicios municipales.
Mantener la relación con esa gente, es condenar a Cuernavaca al rezago y al capricho criminal de cómplices de los Yáñez que, en su desesperación, fueron a aliarse con Dios y con el Diablo, que en nada les ayudarán, porque aquí el asunto es sencillo: vox populi, vox Dei (la voz del pueblo es la voz de Dios) y, Dios, ya no quiere ser saqueado; ya no quiere a aventureros y corruptos que, como la Promotora Ambiental S.A., PASA, litiga para venir a nuestra casa a terminar de hacer el daño que empezó cuando los panistas la pusieron en sus manos, le entregaron a nuestra ciudad.

Abrir el espacio al regreso de PASA, significaría dos cosas, que Julio Yáñez volvió a someter al ayuntamiento y, que la corrupción seguirá etiquetando al municipio. El alcalde y el cabildo están en el momento exacto para surgir como eñl ave fénix. Al tiempo.

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