martes, 19 de septiembre de 2017

TERTULIA POLÍTICA

Mara / Transporte / Corrupción

Pedro Martínez Serrano
Lo que sucedió a Mara Fernanda Castilla Miranda, estudiante veracruzana en Puebla, sacudió al país, exhibió la fragilidad y corrupción del sistema de justicia y administración gubernamental en aquella entidad, como en el resto del país, pero mostró también que nadie y nunca estamos seguros, todos estamos expuestos a la violencia, a manos de un enfermo mental.
El asesinato de la joven estudiante, presuntamente a manos del chofer de un automóvil de servicio privado de transporte, operado por una aplicación móvil denominada Cabify, similar a Uber, movilizó a los mexicanos, las agrupaciones feministas saltaron a la calle para condenar el hecho, para exigir responsabilidad y políticas públicas que garanticen la seguridad de las mujeres.
Las redes sociales se inundaron de frasesitas cursilonas y ridículas, como de textos hipócritas, en el que todas las que los subieron, ofrecen la mano y la casa a la amiga, a la conocida; pierde la pena y no pierdas la vida, rematan en la oferta a quien se le ofrezca pasar la noche en casa ajena, en lugar de abordar un servicio de transporte.
        El gobierno de Puebla reaccionó, sancionando a la operadora de transporte que enlaza a particulares, como si sacar de circulación a los vehículos de Cabify, fuera a resolver el gravísimo problema de inseguridad que enfrentan las mujeres.
        En la Ciudad de México, en donde todavía gobierna Miguel Ángel Mancera, hablaron de regularizar los vehículos operados por aplicaciones tecnológicas de última generación, lo que creo que más que una preocupación oficial por garantizar la seguridad de usuarios, es una acción de voracidad y nuevo espacio para la corrupción.
        En Morelos, el secretario de movilidad y transporte, David Martínez, anunció que irán en contra del servicio de Uber y, aquí, ocurre lo mismo que en todo el país, lo que se quiere aplicar es una política recaudatoria, agarrar dinero producto de la extorsión y la componenda. La seguridad ciudadana es lo que menos importa.
        El secretario de transporte, como el resto de los integrantes de la cúpula del gobierno de Graco Ramírez, lo que quieren es dinero, la población y su seguridad, es lo que menos les interesa. En transportes, lo que aplican es una corrupta política recaudatoria, ahí está el tema de los permisos que expiden a automóviles de lujo y que deja millones de pesos a quienes lo operan. Si les interesara la seguridad, por qué no se frena la expedición de permisos falsos de transporte presuntamente emitidos en el Estado de Guerrero.
        Los taxistas tradicionales, esos que se ocupan con fines electorales y que se prestan para todo, lo mismo para acarrear prosélitos, que como golpeadores en grupos de choque del gobierno en turno, en el asesinato de Mara Fernanda, vieron la oportunidad de exigir al gobierno la salida de Uber o su regularización. Inspectores de transporte empezaron a corretear a los operadores de ese servicio que, en mi opinión, es lo mejor de los peor que se padece en Morelos en cuanto a servicios.
        Sólo hay que destacar que en Puebla, en ese caso, fue precisamente gracias a que la aplicación Cabify, lleva un registro minucioso de sus operadores, que se dio con el presunto violador, ladrón y homicida.
        Los taxis, sobra decir que sirven de halcones del crimen organizado, lo mismo a bandas de narcotraficantes, que de secuestradores y asaltantes, de las que en muchísimos casos, ellos mismos son parte.
Hay cientos de taxistas, en el caso de Morelos, miles y miles en todo el país, que son integrantes de bandas criminales y, cuando los llegan a detener, con 500 pesos y un abogado trácala, salen de inmediato, porque siempre tienen el recurso de que se les despojó del vehículo, de que se les asalto o, el más socorrido, se les obligó a participar.

Con gobiernos abusivos y ladrones, con taxistas criminales que consiguen cartas de no antecedentes penales en fiscalías corroídas por la corrupción, el recurso que nos queda, es cuidar a nuestra familia, es cuidarnos entre nosotros, porque nadie, absolutamente nadie, vendrá a cuidarnos, como en nadie también, absolutamente en nadie debemos confiar.

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